miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿y tu Navidad?

A finales de octubre iba con mi hermana Cris de compras cuando se paró en un escaparate desde donde un montón de señores bajitos y gorditos vestidos de rojo y con una poblada barba blanca so
nreían a los transeúntes.

-¿Ya ha empezado la Navidad?

-No. Todavía no.

A principios de noviembre, volvíamos del médico. Malditas anginas. Y Cris volvió a parase en un escaparate. Había un grandioso árbol de Navidad adornado con zapatos y cintas rojas.

-¿Ha empezado ya la Navidad o no?- bromeó ella.

-No. Todavía no.

¿Pero cuándo empieza?

¡La Navidad es Magia! ¡Para cada persona empieza en un momento distinto. Para mi madre....cuando ve el anuncio del turrón “el Almendro”: Vuelveeeeeee a casa vueeeeelveee por Navidad...

Para mí, cuando mi compañera de piso pone a todo volumen el villancico del tamborilero. Las demás se quejan que no pueden estudiar pero yo sonrío mientras me uno a sus cánticos.

Acaba de empezar. Me esperan dos meses de Pro-po-pom-pom.

Como todos los años.

¿Y tu Navidad? ¿Ha empezado?

miércoles, 14 de enero de 2009

Visita del vecino encantador


Esta tarde nos ha ocurrido algo curioso.


Yo estaba espatarrada en el puff de mi habitación trasteando por Internet. Jennifer y Karmele estaban en plena batalla con las tenacillas, planchas, rimmel, colorete y demás artefactos peligrosos porque planeaban irse de rebajas.


Hasta ahí todo normal. A venido Jennifer a mi habitación cuando a terminado de arreglarse (lo más chic de su vestuario me han parecido sus llamativos taconazos rojos) y se ha vuelto a ir a su cuarto.


De repente han sonado unos timbrazos incesantes. Me he incorporado para abrir pero se me ha adelantado Matthieu (nuestro compi frances) y hemos empezado a escuchar los berridos del vecino de abajo, que se estaba quejando por los ruidos.


Me he acercado a la puerta. Allí estaba Matthieu agarrado a ella, simplemente mirando a aquél hombre al que se le salían los ojos de las órbitas y escupía fuego por la boca mientras golpeaba la puerta con su gran cola llena de pinchos (¿oh esto ha sido de mi imaginación? en fin...).


Y tan pronto como ha llegado se ha ido. Agregando "amablemente" que comprásemos unas tiras que se ponen debajo de los muebles para que no hagan ruido.


También nos ha dicho otra cosa y es que: ¡AQUÍ NO SE PUEDEN USAR TACONES!


¡Venga ya!¿Cómo te quedas? ¡Muerta! Muertas nos hemos quedao!


Ahora estamos pensando si llamar al casero y sugerirle que nos ponga alfombras por todo el piso, o esperar a que (siempre amablemente) nuestro vecino de abajo venga acompañado de alguna fuerza de seguridad del estado para obligarnos a poner las dichosas almohadillas debajo de los taburetes.