martes, 22 de febrero de 2011

Esto es un sinvivir

No es la primera vez que os hablo del piso en el que vivo.
Actualmente, convivimos cuatro chicas y tenemos una habitación libre a la espera de nueva compañera. Hasta aquí todo normal.

Nuestro casero es un hombre un poquito extravagante, al que llamaremos, por decir algo...FrikiFelix (FF para las más veteranas) y Paco Clavel para las más atrevidas, como es el caso de Jennifer.

FF es un casero majo. Viene a cobrar cuando le decimos que nos viene bien. Le da igual pasarse el día siete, el quince o el veinticinco. Además nos ha contratado internet y lo paga él. Ninguna queja hasta el momento.

El problema llega cuando necesitamos nueva compañera (como es el caso).Los contratos de alquiler son por habitación+cocina+baño, así que cuando alguien se marcha, él es el que se encarga de buscar nuevo inquilino y aquí es donde empezamos a tener problemas.

¡Entra sin avisar! No llama al timbre, abre la puerta directamente...pero tío!!que nosotras vivimos aquí! cualquier día nos pilla saliendo en estado de semidesnudez por el pasillo, o abre la puerta del baño mientras dice:

-y este es el segundo baño, amplio, como véis toda la casa tiene calefacción...y esa chica que se está duchando en estos momentos e intenta desesperadamente tapar su desnuedez con la toalla es la chica de la habitación del fondo. Hola!! que tal...

¡Reivindicamos nuestra intimidad! ¡Joder, FF! Avísanos que vas a venir o por lo menos llama al timbre de abajo, que menos.

Encima está terminantemente prohibido fumar en nuestro piso (como si no tuviéramos ya bastante con no poder fumar en los bares) y no nos da tiempo a ventilar la casa y esconder los ceniceros. Cualquier día morimos intoxicadas por el ambientador con el que vaporizamos el pasillo cuando te oímos en el descansillo.

Pero hemos pensado que para darle una pequeña lección, vamos a boicotear el alquiler de la habitación que falta.

FF prepárate

Os mantendré informados

miércoles, 16 de febrero de 2011

Que te me vas



Eres una de mis mejores amigas y te vas. Me abandonas. Te conocí hará ya unos siete u ocho años. Llegaste en un momento, creo que tanto para mí como para todo el mundo, en el que lo más importante son los amigos..los 16 años.

Venías de uruguay, con tus dos hermanos y tu madre. El primer recuerdo que tengo tuyo es de aquella malla rosa y tus bonitos rizos. Te adaptaste enseguida, hiciste amigas y empezaste a salir con Sergio.

Han sido unos años maravillosos, con risas por doquier y recuerdos bonitos, que se que jamás voy a olvidar. Ya sabía que tarde o temprano te marcharías Romi, pero no me imaginaba que sería tan temprano.

Se que dices que vendrás a vernos, y se que yo iré a verte en cuanto el tiempo y el bolsillo me lo permitan, pero ya jamás jamás será lo mismo. No porque no nos queramos, la distancia es así.

Se que tu padre está enfermo y por eso te vas, para estar con él, y por supuesto que lo entiendo. Sólo quiero que seas feliz y si tu sitio ahora está allí, mucho animo, suerte, y que todo te vaya bonito.

Sabes que aquí dejas amigas que te quieren muchísimo, pero ya es hora de que tus amigas de siempre, de uruguay, y sobretodo tu familia, puedan disfrutar de tu compañía. Me gustaría pensar que vas a volver, pero nunca he sido de falsas esperanzas. Lo que tenga que venir, llegará.

Contigo me he sentido comprendida siempre y querida, muy querida.

Diles a todos esos uruguayos que te esperan impacientes que te cuiden, de mi parte. Por favor.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿y tu Navidad?

A finales de octubre iba con mi hermana Cris de compras cuando se paró en un escaparate desde donde un montón de señores bajitos y gorditos vestidos de rojo y con una poblada barba blanca so
nreían a los transeúntes.

-¿Ya ha empezado la Navidad?

-No. Todavía no.

A principios de noviembre, volvíamos del médico. Malditas anginas. Y Cris volvió a parase en un escaparate. Había un grandioso árbol de Navidad adornado con zapatos y cintas rojas.

-¿Ha empezado ya la Navidad o no?- bromeó ella.

-No. Todavía no.

¿Pero cuándo empieza?

¡La Navidad es Magia! ¡Para cada persona empieza en un momento distinto. Para mi madre....cuando ve el anuncio del turrón “el Almendro”: Vuelveeeeeee a casa vueeeeelveee por Navidad...

Para mí, cuando mi compañera de piso pone a todo volumen el villancico del tamborilero. Las demás se quejan que no pueden estudiar pero yo sonrío mientras me uno a sus cánticos.

Acaba de empezar. Me esperan dos meses de Pro-po-pom-pom.

Como todos los años.

¿Y tu Navidad? ¿Ha empezado?

miércoles, 14 de enero de 2009

Visita del vecino encantador


Esta tarde nos ha ocurrido algo curioso.


Yo estaba espatarrada en el puff de mi habitación trasteando por Internet. Jennifer y Karmele estaban en plena batalla con las tenacillas, planchas, rimmel, colorete y demás artefactos peligrosos porque planeaban irse de rebajas.


Hasta ahí todo normal. A venido Jennifer a mi habitación cuando a terminado de arreglarse (lo más chic de su vestuario me han parecido sus llamativos taconazos rojos) y se ha vuelto a ir a su cuarto.


De repente han sonado unos timbrazos incesantes. Me he incorporado para abrir pero se me ha adelantado Matthieu (nuestro compi frances) y hemos empezado a escuchar los berridos del vecino de abajo, que se estaba quejando por los ruidos.


Me he acercado a la puerta. Allí estaba Matthieu agarrado a ella, simplemente mirando a aquél hombre al que se le salían los ojos de las órbitas y escupía fuego por la boca mientras golpeaba la puerta con su gran cola llena de pinchos (¿oh esto ha sido de mi imaginación? en fin...).


Y tan pronto como ha llegado se ha ido. Agregando "amablemente" que comprásemos unas tiras que se ponen debajo de los muebles para que no hagan ruido.


También nos ha dicho otra cosa y es que: ¡AQUÍ NO SE PUEDEN USAR TACONES!


¡Venga ya!¿Cómo te quedas? ¡Muerta! Muertas nos hemos quedao!


Ahora estamos pensando si llamar al casero y sugerirle que nos ponga alfombras por todo el piso, o esperar a que (siempre amablemente) nuestro vecino de abajo venga acompañado de alguna fuerza de seguridad del estado para obligarnos a poner las dichosas almohadillas debajo de los taburetes.